La pájara

5 de abril de 2019
pájara

Así es como coloquialmente se conoce a un tipo de agotamiento, concretamente el agotamiento energético.

Esto ocurre cuando las reservas de glucógeno se agotan después de 90-120 minutos de trabajo continuo, obligando a un cambio drástico en el uso de vía de energía y por lo general una gran caída en el rendimiento. Como el mecanismo vital también consume energía lo que el cuerpo hace es cortar la energía que se agota en otros organismos, en este caso el muscular para el movimiento.

El glucógeno (que es la forma de la glucosa que se almacena en el músculo) se rompe para proporcionar la energía necesaria para la formación del ATP y a su vez produce ácido pirúvico.

El ATP (Ademosin Trifosfato) es la fuente de energía necesaria para contraer los músculos y por lo tanto para realizar cualquier actividad física. Cuando el ATP se rompe en ADP (adenosín difosfato) y Pi (fosfato) se libera energía, y esta es la energía que se utiliza para la contracción muscular.

El ácido láctico (que se produce durante este proceso) se va acumulando en las células musculares y provoca que el interior del músculo se vuelva más ácido. Este entorno ácido interfiere con el proceso químico de la formación de ATP.

Cuando disminuye el nivel de ATP se produce la fatiga muscular ya que hay menos energía para generar contracciones musculares.

En resumen, si el cuerpo ya no tiene energía para poder “sobrevivir” desconecta los órganos no vitales (musculatura para el movimiento) para poder utilizar la poca energía que tiene en los órganos más necesarios para vivir.

Esto es lo que les ocurre a esos deportistas que ves que, de pronto, ya no pueden realizar esfuerzo y a penas se mantienen en pie.

 

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